Introducción

Vivimos en una época en la que a muchos fieles carecen de poder espiritual y autoridad en su discipulado cristiano. Parte de ellos apenas son consciente de esta carencia, parecen estar contentos con su falta de poder. Otros cristianos sufren bajo esta carencia; tienen en mentes la promesa retadora de nuestro Señor Jesucristo acerca de la palabra de Juan 7: 38: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Perciben que algo anda mal en ellos, que Dios realmente ha prometido más poder y plenitud a la que están experimentando.

Para estos creyentes tiene a menudo, el mensaje del “bautismo del Espíritu”, del movimiento pentecostal y carismático, una atracción especial. Aquí se les dice: “Hemos descubierto el secreto de la abundancia del poder divino. Tenemos la clave para una vida cristiana rebosante: ¡Tu necesitas el bautismo en el Espíritu Santo! ¡Entonces iras de poder en poder, de victoria en victoria! “Testimonios impresionantes describen cómo los cristianos “antes” llevaban una vida deprimente llena de derrotas y fracasos, y luego en algún momento vivieron un flujo de energía, que ellos describen como “bautismo en el Espíritu” o “renovación espiritual”. Después de esta practica, experimentaron a Dios de una manera nueva y su vida espiritual cambio por completo.

Para nosotros, la pregunta que surge es: ¿Es el “bautismo del Espíritu”, del movimiento pentecostal y carismático, realmente la respuesta de Dios a nuestra necesidad? ¿Desea nuestro Señor Jesucristo, que nos acercamos a esta “experiencia espiritual”, a esta “segunda bendición?” ¿Estaremos en este camino realmente equipados con el poder del Espíritu Santo? No podemos responder a esta pregunta, escuchando solamente los Testimonios de los carismáticos entusiastas. Experiencias subjetivas pueden ser muy engañosas. Debemos regresar a las Escrituras, la Palabra de Dios a fin de obtener una respuesta clara y fiable.

Este folleto tiene como objetivo, mostrar lo que la Biblia tiene que decir acerca de la recepción y la plenitud del Espíritu Santo a través del bautismo. Vamos a estudiar las enseñanzas y declaraciones del movimiento pentecostal y carismático, según la medida de la Palabra de Dios, ofreciendo una respuesta a las preguntas de los creyentes, respuestas bíblicas a sus preguntas espirituales. Esto implica que también las declaraciones que vamos a tratar aquí, no sean simplemente aceptadas ciegamente, sino que el lector siga el ejemplo de los de Berea: ” Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibíeron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17 , 11).

Si escudriñamos aquí las enseñanzas del movimiento pentecostal y carismático, teniendo como fundamento la biblia, no es con el fin de criticar o juzgar a los demás creyentes. Más bien, es la cuestión seria, de cómo podemos servir al Señor en el verdadero poder del Espíritu Santo. Finalmente se trata de nuestro Señor Jesucristo, para que Él forme parte del unanime amor y la fe pura de sus redimidos. Para que nada falso y erróneo pueda introducirse en sus vidas. El Señor Jesucristo es la única fuente verdadera de nuestra fuerza espiritual y nuestra victoria. Él nos ha dado la plenitud, y Él nos enseña en su Palabra el como podemos alcanzar esta riqueza.

 

A. El pentecostal – carismático “bautismo del espíritu”

 

La doctrina del “bautismo del Espíritu” como un clara segunda experiencia, después de la experiencia del nuevo nacimiento del creyente, es una base importante del movimiento pentecostal y carismático. Sólo con esta experiencia alcanza un cristiano, según su convicción, a la riqueza espiritual prometida de Dios, a partir de ese momento comienza una vida victoriosa y un ministerio fructífero para el Señor. El término “bautismo del Espíritu” no se haya en ningún párrafo de la Biblia, pero hace referencia a la promesa que fue anunciada por primera vez por Juan el Bautista: “Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo ” (Marcos 1:8, Compare Mateo 3:11, Lucas 3:16, Juan 1:33; Hechos 1:5). En la opinión de la mayoría de los seguidores del movimiento pentecostal y carismático es la experiencia espiritual “bautismo en el Espíritu”, la promesa prometida en la Biblia.

Los “tradicionales” maestros, especialmente en el movimiento Pentecostal, enseñan que el creyente tras la conversión no ha recibido el Espíritu Santo, por lo menos no en el sentido pleno de la palabra. Se remiten a los versículos en Hechos 19:2, “les dijo: ¿Recibísteis el Espíritu Santo cuando creísteis?”. La recepción del Espíritu Santo, según ellos, sucede mas adelante cuando el creyente cumple con ciertas requisitos. Esta enseñanza incluye en el movimiento pentecostal clásico, la “entera santificación” (a menudo en términos de una única, perfecta experiencia impecable), “total dedicación y consagración a Dios, ” y un tiempo “de espera” confesando todos los pecados en ayuno, orando sin cesar para recibír el “bautismo del Espíritu”.

Esto generalmente se describe como una experiencia memorable de una corriente de poder, a menudo asociada con visiones sobrenaturales o manifestaciones espirituales. Uno de los requisitos necesario y crítico del “bautismo del Espíritu” es la “clásica” enseñanza Pentecostal del don de lenguas.

Muchos movimientos carismáticos modernos ya no representan las enseñanzas tradicionales Pentecostales del “bautismo del Espíritu” en la forma descrita anteriormente. Sólo hablan de una “plenitud en el espíritu” o (siguiendo la herejía de la Iglesia Católica) de un “espíritu de renovación” como una decisiva “segunda bendición”, El creyentes ha recibido el Espíritu en el nacimiento de nuevo, pero según su enseñanza, recién a través del “bautismo del Espíritu”, reciben la plenitud del Espíritu y son sujetados bajo el poder del Espíritu. Algunos dicen que el hablar en lenguas ya no es un carácter necesario del “bautismo del Espíritu”, pero en la práctica casi siempre es la característica clave que identifica a los carismáticos, siendo la señal que manifiesta que han recibído el “bautismo del Espíritu”.

En los círculos carismáticos han desaparecido, en su mayoría, los largos preparativos para recibir el “bautismo del Espíritu”. Uno solamente desconecta su mente y la abre incondicionalmente, con el requisito de una “aceptación en fe”, frecuentemente a través de la imposición de manos por lideres “ungidos” carismáticos. Incluyendo recetas como la de que deben “en fe” comenzar a hablar en lenguas, o repetir a otros oradores en lengua. Y una vez recibido el don de lengua están preparados para ser “bautizados en el Espíritu”. ¡Todo medio es bueno, lo importante es que uno reciba el espíritu!

Porque más allá de todas las diferencias doctrinales y tácticas, los pentecostales y carismáticos tienen lo siguiente en común: que la experiencia personal del “bautismo del Espíritu” es para todos la experiencia clave indispensable. Sin este requisito queda “fuera” como un cristiano mediocre, sin poder y sin luz, sin fuerza y sin discernimiento, “sin unción” “sin santificación y sin victoria sobre el pecado”. careciendo de lo mas decisivo en la vida cristiana.

Todas otras consagraciones mayores de las devociones carismáticas pentecostales, se les atribuye esta conclusión: a través del bautismo del espíritu recibe uno, supuestamente, una comunión mayor con Dios, lo cual se manifiesta en revelaciones, en hablas audibles, en milagros y señales. Uno recibe fuerza y fervor, alegría y vida victoriosa, liberación de toda atadura, autoridad, sanidad corporal, dones del espíritu y sanidad interior. El bautismo del espíritu es la puerta de entrada para la sobrevivencia espiritual, así se les predica a los de afuera por medio de testimonios, predicaciones y literatura.

Esta propuesta fascina y seduce a creyentes decepcionados y sin fuerzas. Están tan impresionados con la perspectiva de poder en un abrir de ojo desprenderse de todas sus dificultades y de experimentar la fuerza y la cercanía inmediata de Dios, algo que hasta ahora les faltaba. Muchos de ellos abriéndose al espíritu que esta obrando en estos movimientos. Están atraídos por el ambiente relajado, cultos atractivos, canciones pegadizas, por el aparente “amor” y “alegría” que ven. Allí buscan y encuentran el bautismo del espíritu. Se convierten en seguidores, propagando así este movimiento.

Para nosotros, sin embargo, se presenta la pregunta: ¿es verdaderamente la enseñanza enseñada por el movimiento pentecostal y carismático sobre el “bautismo del Espíritu” un don divino? ¿Que es lo que se esconde detrás de esta “segunda bendición?” ¿Procede realmente de Dios? Dios mismo nos exhorta: “¡… sino probad los espíritus si son de Dios!” (1. Juan 4:1). Esto solo lo podemos hacer, si medimos estas enseñanzas con la palabra revelada de Dios.

Si realmente es el “bautismo del Espíritu” un fundamento importante para la vida verdadera en fe, entonces debería de estar enseñada en la Biblia, respectivamente en el Nuevo Testamento, y ser unánime con la palabra inspirada de Dios. De lo contrario, no se debe aceptar, aunque sea muy tentadora. El señor Jesucristo ata la enseñanza sobre le plenitud del espíritu a las santas escrituras, cuando dice: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38).

Para nosotros, los cristianos del Nuevo Testamento, significa que sólo podemos tener plenitud del espíritu, si conservamos estricta y claramente la doctrina del Nuevo Testamento, en particular la enseñanza de los Apóstoles para Iglesia, como encontramos en las cartas del Nuevo Testamento (compare Hechos 2:42: ” Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles …”) en estas enseñanzas encontramos toda claridad para discernir entre lo verdadero y lo falso.

Por lo tanto, ahora vamos a considerar lo que la Biblia tiene que decir acerca de nuestro tema.

B. La enseñanza de la Biblia acerca de la recepción, el bautismo
y la plenitud del Espíritu santo

1. ¿Cuando recibe un creyente el Espíritu Santo?

La primera pregunta que nos queremos hacer es: ¿Cuando recibe un creyente el espíritu Santo? ¿Es posible que uno sea creyente y nacido de nuevo en Cristo, pero que no haya recibido al espíritu santo? ¿Puede sostenerse la clásica enseñanza de los pentecostales frente la Biblia? Para responder a estas preguntas, debemos regresar a las enseñanzas inspiradas de los apóstoles, las cuales dejan constancia en las cartas del Nuevo testamento. ¡Esto es un principio importante para una sana enseñanza bíblica!

a) Dónde encontramos nosotros la doctrina bíblica sobre la recepción del Espíritu

Todo el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento nos ha sido dado, en un sentido muy amplio, para instrucción y exhortación (compare 2 Timoteo 3:16), pero en el Antiguo Testamento no encontramos ninguna doctrina específica para la iglesia de Dios, porque no se encontraba en el campo de visión de los profetas del Antiguo Testamento, era todavía un “secreto”, “misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres”, y recién revelado en los apóstoles y profetas del nuevo testamento “como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efesios 3:3–10; compare Romanos 16:25–26 Colosenses 1:25–29).

Por esta razón no encontramos en los Evangelios ninguna doctrina específica para la iglesia de Dios, ya que los evangelios dan testimonio del mensaje del Mesías, el Señor Jesucristo, para el pueblo de Israel y sus discípulos en particular, la iglesia misma es en ocasiones mencionadas ( por ejemplo Mateo 16:18). Ello fue una de las cosas que el Señor testificó venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. También en Juan 14, 17 anuncia el señor a los discípulos respecto al espíritu del Dios para el futuro: „el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibír, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”

Los discípulos del señor aún no habían recibido el espíritu de Dios en el sentido del nuevo testamento y tampoco estaba previsto por Dios así. Recién a partir de Pentecostés fue posible la recepción del espíritu santo. Teniendo en cuenta la ascensión al cielo, la glorificación y también la entrega de su sangre en el lugar santísimo (Hebreo 9:11–15), el espíritu de Dios sólo podía ser derramado después de que el señor Jesús Cristo ejecuto por completo su plan de salvación, para morar en los pecadores arrepentidos (Hechos 2:33).

Deducimos que este punto mencionado con frecuencia en Juan 20:22 no puede referirse realmente a la recepción del Espíritu Santo. Si dice: “Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibíd el Espíritu Santo “, debe de tratarse aquí de una situación especial. En el griego, no se encuentra el articulo delante del “Espíritu Santo”. No quiere decir: “Recibid el Espíritu Santo”, si no que: Recibid la fuerza del Espíritu Santo, refrigerio espiritual y armadura para el tiempo de prueba y espera hasta la recepción del Espíritu en el día de Pentecostés. De esta afirmación en los Evangelios no se puede derivar una enseñanza acerca de la recepción del Espíritu, aquí se trata de la situación especial de la transición entre la época de la Ley y el período de gracia o de la iglesia, que comenzó después de Pentecostés. Pero el cómo acontecería la recepción del Espíritu Santo a los fieles de la Iglesia lo encontramos revelado en las cartas del Nuevo Testamento.

b) ¿Qué enseñan las cartas de los apóstoles sobre la recepción del Espíritu Santo?

Si examinamos las cartas de enseñanza del Nuevo Testamento en relación a la recepción del Espíritu Santo, entonces veremos una declaración muy clara: en el momento en que una persona, que por medio de la obra del poder del espíritu de Dios, verdaderamente se arrepiente y se convierte al Señor Jesucristo, recibe inmediatamente el Espíritu Santo como un don de Dios. Según las enseñanzas del Nuevo Testamento, el nacimiento de nuevo y la recepción del espíritu Santo van unidos, y no se pueden separar.

Esta enseñanza la hallamos explícitamente en Gálatas … En Gálatas 3:2, Pablo exhorta a los Gálatas, porque se olvidaron sobre que fundamento recibieron el Espíritu de Dios: “¿Recibísteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”. Ellos recibieron el espíritu santo cuando creyeron el mensaje del Evangelio, que proclamaba la salvación por la fe en Jesucristo (Gal 3:5).

En Gálatas 3:14 esta la clara afirmación de que recibimos el Espíritu Santo por medio de la fe en Cristo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (…), a fin de que por la fe recibíésemos la promesa del Espíritu”. Ahora bien, alguien podría especular que aquí no hace referencia al momento clave de la fe que salva y el nacimiento de nuevo, si no mas bien a cualquier acto de fe en cualquier momento.

Pero curiosamente, encontramos una nueva declaración en Gálatas dejando claro, que realmente se refiere al momento en el cual alguien encuentra la fe en Jesucristo y se convierte en un hijo de Dios. En Gálatas 3:22 dice: “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” Esto se ve confirmado en Gal 4: 6–7, quedando claro que la recepción del Espíritu se relaciona a la posición de “hijo” en Cristo, en la que cada creyente es trasladado: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. “

Esta teoría se confirma en Romanos, donde encontramos la clara afirmación: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9, véase también el versículo 11). Así que si alguien realmente no tiene el Espíritu de Dios, entonces no es nacido de nuevo, ¡no es verdaderamente convertido y creyente! Otra confirmación la leemos en Romanos 8:14–16: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibído el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibído el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”

Se deduce, que aquel que no ha recibido el Espíritu de Dios no es un hijo de Dios, esto significa, no es nacido de nuevo, todos los que por la fe han nacido de nuevo, convertidos en hijos de Dios, reciben en ese momento el Espíritu Santo. ¡Sin el Espíritu de adopción, no hay comunión con Cristo y con el Padre!

Esta enseñanza clara se ve confirmado una vez mas por medio de la carta a los Efesios, donde leemos: “… En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa …” (Efesios 1:13, 2 Corintios 1:22, Efesios 4:30, 1. Tesalonicenses 4:8, Tito 3:6–7, Juan 7:39, Juan 14:16–17). También está confirmado por el apóstol Juan, el cual escribe en 1. Juan 3:24 y 4:13, que por medio del espíritu que el nos ha dado, reconocemos que tenemos verdadera comunión con Dios

Por cierto, no encontramos en los Hechos, la doctrina del Espíritu recibida por la fe, sino un ejemplo impresionante de ello, es decir, la conversión de Cornelio y su familia. Cuando Pedro predicó el evangelio de Jesucristo, en la casa de Cornelio, Dios obra en los corazones de la audiencia – y en un momento, en medio de la predicación, recibieron el Espíritu Santo, exactamente de la misma manera que los discípulos en Pentecostés. (Hechos 10:44 – 48, ver 11:15–17).

Así que: Cualquier persona verdaderamente creyentes en Jesucristo recibe en el momento de la conversión también el Espíritu Santo. Cuando uno recibe a Cristo (Juan 1:12–13) y Cristo vive en él, entonces el espíritu de Dios viene a él y tomo morada en el templo sagrado de su cuerpo (compare 1. Corintio. 3:16, 1. Corintio. 6:17 y 19, Romanos 8:10 –11). La recepción del Espíritu Santo es el punto de inicio de la morada permanente del Espíritu Santo en el creyente.

Aquí llegamos a otro punto importante: el Espíritu de Dios, según la enseñanza de la Escritura, no puede ser recibido sólo la mitad o un poco, pues él es una persona de la deidad, y no un mero poder. Muchas enseñanzas carismáticas surgen de la enseñanzas herejes pagana, donde el Espíritu de Dios es una fuerza impersonal, del cual uno puede recibir un poco mas o menos, y donde se le puede mandar a su antojo como también para los propios intereses.

La Biblia no conoce tal punto de vista! O yo recibí el Espíritu Santo, como persona inherente, entero y, potencialmente en toda su plenitud, o no lo recibí! El “Cómo” actúa la plenitud del Espíritu en la vida personal de fe es otra cosa, ello depende de nuestro caminar, como veremos más adelante. Pero la declaración que veces oímos de que el creyente recibe en la conversión sólo “algo” del Espíritu de Dios, y que sólo en el “bautismo del Espíritu” recibe “realmente la totalidad del espíritu” no tiene fundamento bíblico

c) Las enseñanzas pentecostales– carismáticas y el libro de los Hechos

Estas clara enseñanzas de las cartas son a menudo citadas por los pentecostales y carismáticos justificándose con algunos “ejemplos” del libro de los Hechos, Malinterpretado y sacándolos del contexto de la historia de la salvación.

1) Los primeros discípulos antes de Pentecostés se les argumenta; que ellos ya han nacido de nuevo, y recién en Pentecostés, experimentaron el “bautismo del Espíritu” como una segunda experiencia. Sin embargo hay que contrarrestar, que los discípulos antes de Pentecostés, no pudieron haber experimentado el nuevo nacimiento del Nuevo Testamento, pues aun no había sido derramando el Espíritu de adopción.

Los discípulos en Pentecostés experimentaron simultáneamente el nacimiento de nuevo, la recepción del espíritu, el sello y el bautismo del Espíritu Santo, así como la plenitud del espíritu y la armadura con el poder de lo alto. Ellos se encontraban, antes de la ascensión de su Señor y Salvador, en una situación muy especial: se convirtieron y creyeron en Cristo, pero no habían experimentado el nuevo nacimiento en el sentido del Nuevo Testamento, y por lo tanto no habían recibido el espíritu.

Esto sólo fue posible después del cumplimiento de la expiación de Jesucristo, es decir, después de su glorificación y entronización a la diestra de Dios, de ello dan testimonio tanto en Hechos 2:32 como Juan 7:39. Antes de la resurrección de Jesucristo, se hallaban todavía en la tierra de Israel y bajo la ley. El suspiro a través del Señor en Juan 20:22 no era la recepción real del Espíritu Santo, como hemos visto anteriormente. Era sólo una señal simbólica hasta que llegara la verdadera recepción del Espíritu. El mismo Señor anuncia que es necesaria su ascensión al cielo para poder enviar al consolador (Espíritu santo) Juan 16:7 (compare Hechos 1:8).

Así que los discípulos antes de Pentecostés no pudieron jamás justificar la falsa doctrina, de que un creyente del Nuevo Testamento no ha recibido correctamente el Espíritu de Dios, y que necesitan de una ” segunda experiencia espiritual”.

2) Otro ejemplo muy conocido son los discípulos de Juan en Éfeso y en Hechos 19:1–7. “¡Está ahí todavía!” Nos dicen: “¿Recibísteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” ¡Así que es posible que usted sea creyente y aún no ha recibido el Espíritu!” Sin embargo, esta pregunta la hizo el apóstol, porque reconoció que en estos discípulos algo andaba mal. No eran creyentes en el sentido del Nuevo Testamento, ¡y por lo tanto no eran nacidos de nuevo! Como vemos en el versículo 4, tenían solamente las enseñanzas de Juan, pero no habían oído sobre el evangelio salvador de Cristo. Así que eran creyentes mesiánicos Judíos, encontrándose en la misma situación de antes de Pentecostés. Aquellos en la diáspora, no sabían lo que había sucedido en Jerusalén después de la llamada de Juan el Bautista al arrepentimiento. Pablo había predicado el evangelio de Cristo, se convirtieron y fueron bautizados, recibiendo el Espíritu Santo por la imposición de manos del Apóstol.

Todas ellas eran situaciones especiales de la historia de salvación, de las cuales no se puede sacar conclusiones para la iglesia. Es importante también de mencionar a la falsa profecía de la secta Nueva Apostólica, los cuales enseñan que el espíritu Santo solo se puede recibir a través de la imposición de manos de un apóstol.

Por el contrario, la imposición de manos es aquí, como en Samaria un acto simbólico: Así como el apóstol de la circuncisión, Pedro y Juan a través de la imposición de manos, se hicieron „uno” con los convertidos en samaria, para dar testimonio de la unidad de los Judios y gentiles en la iglesia de Dios, así pues también Paulus el apóstol de los gentiles, tenia que hacerse “uno” a través de la imposición de las manos con los creyentes Judíos. En ambos casos, fue sin duda una afirmación simbólica de Dios, de que también Pedro y Juan tenían autoridad y una misión divina entre los paganos, así como Pablo entre los Judíos.

Debemos de tener en cuenta que en el libro de los Hechos nos encontramos con otra particularidad, que no aparece más en la doctrina de la iglesia, y no es válido para la Iglesia: Tanto en Éfeso y Jerusalén, en Pentecostés se bautizo en agua en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, como condición para recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38, Hechos 19:5–6). Esto fue una situación especial en la historia de la salvación que puede ser explicado por el hecho de que los Judíos como pueblo de Dios habían rechazado a Cristo, y por ello tenían que dar testimonio conscientemente de que habían sido hecho „uno” en Cristo, en aquel al que ellos habían rechazado, antes de que Dios les entregara el Espíritu, en cambio Dios no tomo esta medida como un requisito previo para los gentiles. (Ver la conversión de Cornelio).

Básicamente, tenemos que aprender de esto: No se puede extraer ninguna enseñanza aislada para la Iglesia del libro de los Hechos, ya que no es un libro de doctrina, pero si es el informe espiritual histórico del tiempo transitorio de la historia de salvación, hallándose en una situación única. En Hechos, nos encontramos con la transición de la ley a la gracia, de Israel a la iglesia, de los Judíos a los gentiles, en la obra salvadora de Dios. Nos encontramos con informes muy valiosos e informativos sobre la actividad de los apóstoles y de la historia temprana de la Iglesia y acerca de algunos aspectos de la vida de la iglesia y el evangelismo. Pero la enseñanza de los Apóstoles para la Iglesia las encontramos en las cartas de los apóstoles.

2. ¿Qué enseña la escritura sobre el ser bautizado del Espíritu Santo?

a) El testimonio de los Evangelios y los Hechos

En cuanto a la doctrina bíblica del bautismo del Espíritu Santo, encontramos un claro contraste con las enseñanzas de los movimientos pentecostales y carismáticos. En primer lugar, observamos que en el Antiguo Testamento no hay declaraciones sobre el ser bautizados con el Espíritu Santo.

En el Nuevo Testamento encontramos el anuncio profético de Juan el Bautista, que el Mesías bautizará a sus discípulos con el Espíritu Santo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mateo 3:11–12, Compare Marcos 1:8, Lucas 3:16, Juan:33).

Aquí sólo voy a mencionar, que según la enseñanza de muchos pentecostales y carismáticos, es el “bautismo de fuego” un objetivo muy deseable, incluso superior a la bendición del “bautismo del Espíritu”. Es por ello que muchos seguidores de este movimiento oran con fervor para que Dios les bautice con fuego. Por el contrario, en el contexto de los versículos anteriores, es el bautismo con el Espíritu Santo para los verdaderos creyentes en Cristo (el “trigo” en el versiculo 12), mientras que el bautismo de fuego se dirige a los que no creen en Cristo, y por lo tanto, se quema como el tamo en el fuego que nunca se apaga. El “bautismo de fuego” es, pues, una imagen simbólica de la ira divina. ¡Inconscientemente, en la enseñanza falsa del movimiento pentecostal y carismático, están implorando a Dios, que caiga el juicio sobre ellos y sobre los que están engañados!

Poco antes de su ascensión al cielo, toma el Señor Jesucristo resucitado la promesa de Juan el Bautista refiriéndose claramente al descenso inminente del Espíritu Santo en Pentecostés: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1: 4–5). En la descripción de los eventos del día de Pentecostés ya no se habla de un ser bautizado con el Espíritu Santo, sino mas bien sólo de un ser llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:4) y del derramamiento del Espíritu (Hechos 17:18–33).

Por el contrario, Pedro se refiere directamente a la declaración del Señor, cuando describe la recepción del espíritu santo sobre Cornelio y su gente en Hechos 1:4–5: “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” (Hechos 11:15–17).

Aquí se conecta directamente la promesa del bautismo con el Espíritu Santo con la recepción del don del Espíritu Santo, y ambos están sujetos a los creyentes en el Señor Jesucristo. Tanto el día de Pentecostés y en la conversión de Cornelio sucedieron simultáneamente a los creyentes dos cosas: recibieron el don del Espíritu Santo y fueron bautizados con el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, vivieron el nacimiento de nuevo en el sentido del Nuevo Testamento.

b) La enseñanza de los Apóstoles, las cartas sobre el “ser bautizado con el Espíritu Santo”

La promesa de que el Mesías bautizaría con el Espíritu Santo se cumplió por primera vez en Pentecostés. Muchos intérpretes creen que el bautismo con el Espíritu Santo fue un evento único en el día de Pentecostés, el cual no se repite, diciendo que todos los creyentes posteriores tomaron solo indirectamente parte de ello.

Como veremos más adelante, se puede deducir también desde el punto de vista de la Escritura, que el Cristo exaltado bautiza en el Espíritu Santo a todos los que se convierten. De todas formas, el libro de los Hechos no nos explica el fin y el motivo del bautismo del Espíritu Santo. Estas declaraciones así como la doctrina del bautismo con el Espíritu Santo, las encontramos, en las cartas del Apóstol, en 1. Corintio 12:13: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. ”

Está claro: El propósito bíblico del bautismo en el Espíritu Santo es la inserción en el “cuerpo de Cristo” de los que habían creído. El nacido de nuevo, convertido en hijo de Dios, es bautizado en el cuerpo de Cristo, el cual se formó en Pentecostés. El exaltado Cristo bautiza a todos los que creyeron por un Espíritu en un solo cuerpo (aquí se puede y debe ser traducido los preposición griega „eis”, consulte la Biblia King–James: (” …Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”) Un bautismo simbólico, que habla del fin del hombre viejo en la muerte en Cristo y el comienzo de una nueva vida por medio de la resurrección de Cristo. El creyente ya no está en Adán, sino en Cristo, ya no pertenece a Judíos o gentiles, sino que ha pasado a formar parte del Cuerpo de Cristo.

Esta declaración clara de 1 Corintios 12:13, podemos relacionarlo con Romanos 6:3–5, donde hace referencia al bautismo del Espíritu y no al bautismo en agua: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; (…) “.

Referencia que encontramos en Gálatas 3:26–28: “(…) pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. “. Una vez más, debemos proceder desde el mensaje general de la Escritura en el hecho de que aquí hace referencia al bautismo del Espíritu Santo y no el bautismo en agua. El bautismo en agua es un signo externo y de confesión; el no puede causar procesos internos y espirituales. Por el contrario, el bautismo con el Espíritu Santo hace que el creyente este en Cristo y forme parte de su cuerpo.

Si resumimos el estudio de las enseñanzas reveladas en la escritura, podemos decir: El bautismo bíblico del Espíritu Santo sucede en el nacimiento de nuevo, y simultáneamente la recepción del Espíritu a través del cual el creyente recién nacido es insertado en el cuerpo de Cristo. Esto sucede en el momento de la conversión, y no más tarde. En los correspondientes versículos, los creyentes son tratados como miembros de un solo cuerpo (véase Romanos 12:5, 1. Corintios 10:17 y 12:27, Efesios 1:23, 4:4, 4:16 y 5:30, Colosenses 3:15). según la falsa doctrina pentecostal, solo los „bautizados en el espíritu”, son “miembros del cuerpo”.

Después de la conversión, la Escritura no conoce un “bautismo del Espíritu”, o incluso varias experiencias de este tipo en la vida espiritual de un creyente, sino que conoce un “ser bautizado en el espíritu” en el momento de la conversión. El término en la biblia “renovación espiritual”, según Tito 3:5 (” … por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”) hace referencia al nacimiento de nuevo y no a una “segunda experiencia”.

Eso demuestra que el bautismo bíblico del Espíritu Santo no es una experiencia mística, o traería consigo un flujo de sentimientos, una armadura especial o visiones y revelaciones especiales. Se trata de una obra interna del Espíritu de Dios en los convertidos, que no puede ser palpada. Lo mismo es válido también para la obra del nacimiento de nuevo. En ninguna parte de la Escritura leemos que pudimos “sentir” en el nacimiento de nuevo sentimientos especiales, revelaciones espirituales o similares. Lo que el creyente siente en ese momento (y también su contorno), es el cambio espiritual que se ha producido en él, pero la Escritura no habla en ningún lugar, de que va a experimentar algo especial.

La enseñanza de la Escritura confirma que el creyente cuando nace de nuevo recibe una armadura perfecta con todo lo que necesita para su vida espiritual. Lo leemos en 2. Pedro 1:3 “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia … ) “. No hay en el cristianismo bíblico “alguien en una posición mas elevada” y una “segunda experiencia” después de la de haber nacido de nuevo, pero si un crecimiento en Cristo, un cambio en Espíritu, unido a una maduración espiritual: “Por tanto, de la manera que habéis recibído al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. ” (Colosenses 2:6).

c) La plenitud espiritual bíblica y el “ser llenos con el Espíritu Santo”

Hemos visto anteriormente que el creyente tiene el Espíritu de Dios en persona, morando en él, y por lo tanto en su plenitud. La vida en la plenitud del Espíritu bíblica (“… antes bien sed llenos del Espíritu” – Efesios 5:18, Hechos 6:3–5; 11:24) es decir uno mismo es responsable de dar libertad, sin obstáculos, al agua de vida del espíritu que recibió en el nuevo nacimiento (Juan 4:14, 7:37–39). interesantemente esto es el caso para muchos cristianos, especialmente después de la conversión. Es mas bien más adelante, cuando el poder del espíritu es obstaculizado por un andar no espiritual y por la falta de arrepentimiento, pero también debido a las falsas doctrinas y la falta de fe.

La Biblia nos muestra que debemos de andar “en el espíritu”, es decir, en el poder y bajo la guía del Espíritu Santo: ” … Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Ello es solo posible a través de una vida de fe y en obediencia al Señor Jesucristo. Aquí no habla de un “bautismo del Espíritu”, sino de un dejarse guiar por el Espíritu de Dios sirviendo al Señor.
Andar en el Espíritu significa mantener crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 2:20; 5:24; Romanos 6: 6 –14). No hay un “acceso directo” a la plenitud de espíritu que no sea a través de una vida consciente, crucificado junto con Cristo! Aquellos que quieran experimentar el poder de la resurrección de Jesucristo debe de haber sido crucificado con él (Romanos 6:3–5). Si se reemplaza por un entusiástico “bautismo del Espíritu”, entonces ira de peor en peor, obrando contrariamente a la plenitud espiritual bíblica.

Pecados no limpiados y corrupción del espíritu y de la carne (2. Corintios 7:1), pensamientos carnales y un andar carnal (compare Gálatas 5:17), la incredulidad y la infidelidad, la mundanearías o desviaciones de la palabra apagan el espíritu de Dios (1. Tesalonicenses 5:19) y lo aflige (Efesios 4:30), de tal modo que mengua el poder espiritual. La repercusión resultante de impotencia e insatisfacción, la indecisión, el aumento de pecado y ataduras conllevan a menudo a un creyente a este deseo carismático del “bautismo del Espíritu”.

Pero la solución bíblica para tal situación es muy diferente. No necesitamos un segundo “mensaje del espíritu”. Tenemos la fuente del Espíritu de Dios en nosotros, ya hemos recibido todo lo que necesitamos. La libre circulación y el poder del Espíritu Santo esta restaurada otra vez , a través del arrepentimiento y la confesión de los pecados, por medio de la fe y la obediencia a la palabra, no por imposición de las manos, los tartamudos extático y la recepción de otro espíritu. Si despejamos los obstáculos que han afligido al Espíritu de Dios, y seguimos la nueva fe y obediencia a nuestro Señor, ¡entonces recibimos nuevamente el poder y la fuerza del Espíritu!

La escritura también conoce una espontánea y temporal plenitud del Espíritu Santo en situaciones especiales de pruebas y del servicio espiritual (Hechos 2:4, 4:8, 4:31, 7:55, 9:17, 13:9, 13:52). Pero esto no tiene nada que ver con la búsqueda de una „experiencia espiritual” provocada por la imposición de manos – es dado por el Señor mismo, para su servicio: “… y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31). Una vez más, no se trata de ningún sentimiento especial y de las experiencias de los propios fieles, ¡la plenitud del Espíritu es dado a ellos para que sean un valiente testigo fiel de Cristo y puedan proclamar la palabra de Dios sin temor alguno!

Dicha especial plenitud temporal del Espíritu Santo no esta de acuerdo con las enseñanzas carismáticas del “bautismo del Espíritu” como una experiencia única que marca un momento crucial en la vida espiritual de los cristianos, anunciándoles, supuestamente, un nuevo don de gracia, elevando su vida a un ” nivel más alto”. Tal plenitud espiritual depende de la situación, en la que se encontraban los creyentes necesitando de una fuerza y testimonio especial, lo cual podría repetirse en mas de alguna ocasión (por ejemplo Hechos 2:4, 4:8 y 4:31). En ningún párrafo leemos que los creyentes recibieron a través de ello nuevos dones que no hubieran ya recibido antes, o que de alguna manera, como consecuencia de esa experiencia, hubieran crecido de un manera especial.

 

C. La seducción de los fieles mediante el “bautismo del Espíritu” carismático

 

Comparando los testimonios arriba mencionados en la palabra, vemos que las enseñanzas carismáticas sobre el “bautismo del espíritu” como una segunda experiencia especial, aparte del nuevo nacimiento, contradice la doctrina bíblica, por lo tanto es una doctrina falsa que retuerce y falsifica las Escrituras.
Pero es más que eso: es una herejía seductora que aparte a los creyentes del camino de la fe y del discipulado cristiano, conduciéndolos a un espíritu falso.

Ella tienta a los creyentes a la búsqueda de poder, fuerza y experiencia de un espíritu que Dios no ha prometido en Su Palabra. Sí, esta “experiencia espiritual”, niega las afirmaciones claras de la Palabra de Dios, de que hemos recibido el Espíritu en Su gracia y que en Cristo ya hemos recibido toda la plenitud que necesitamos. En el fundamento de esta mentira uno entra en contacto con una experiencia espiritual bíblica falsa. ¿Cómo debemos juzgar esta experiencia espiritual ahora?

1. Los creyentes recibe en el carismático “bautismo del Espíritu” un espíritu diferente

Hay que destacar una vez más: los falsos maestros carismáticos engañan a los creyentes les haciéndoles creer que tienen una carencia, pero según el testimonio de la Escritura ya recibieron todo lo que necesitan en el nacimiento de nuevo. Les hacen creer, a base de testimonios y experiencias subjetivas, que abriéndose y recibiendo al espíritu de este movimiento podrán superar las debilidades y los fracasos en su vida espiritual. Pero el creyente verdadero ya recibió el espíritu santo en su conversión, ¡no es posible recibirlo una segunda vez!

Esto es un asunto muy serio, subestimado por un gran número de creyentes. Dios me dice en la Biblia que he recibido el Espíritu de Dios ya en el nacimiento de nuevo y en él recibí todo lo necesario para la vida y para el andar en un camino temeroso de Dios (2 Pedro 1:3), la Palabra de Dios dice también, que en Cristo tengo la vida y la tengo en abundancia (Juan 10:10) y en Él he recibido la plenitud (Col. 2:10), si en lugar de eso creo en las falsas doctrinas pentecostales que me dicen: “¡a ti te falta algo crucial, ábrete al bautismo del Espíritu, y déjate llevar por la corriente de nuestro espíritu!”– Luego, por mi resistencia en creer a Dios, ¡le hago mentiroso! Leemos en 1 Juan 5:10 “… el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. ”

Esta falta de fe en las promesas de Dios en Cristo, junto con el alcance egocéntrico de una “mayor experiencia” y “poder superior”, nos conduce finalmente a un Juicio. Así como el Dios santo les mando codorniz a los israelitas, los cuales habían despreciado el maná exigiendo la carne, así pues también permite Dios que los cristianos estén bajo la influencia de un espíritu engañoso, si no creen en la Palabra de Dios y en vez de ello se centran en el camino falso, buscando ” órdenes superiores” del ” bautismo del Espíritu”.

No hay que olvidar que detrás del deseo del “bautismo del Espíritu” no se esconde de ninguna manera el sólo sincero deseo de un mayor poder espiritual y fructífero. El enemigo sabe muy bien despertar deseos codiciosos hacia experiencias antibíblica en los creyentes descarriados, hacia un falso egocéntrico “poder”. Dios ve el orgullo oculto y la ambición no espiritual, el desprecio de la forma bíblica de la abnegación así mismo y de la fe, la cual no ve ni siente. La carne quiere poderes místicos y revelaciones que no son dadas por Dios, y está dispuesto a acercarse a otras fuentes. La consecuencia grave es que tales cristianos están realmente bajo la influencia de un espíritu engañoso.

Un carismático no tiene duda de que recibió en el “bautismo del Espíritu” otro espíritu. Como resultado de esta experiencia espiritual, efectos dinámicos y revelaciones sobrenaturales, que no se pueden explicar como algo “del alma”. También se produce un cambio en la característica de la vida cristiana de la fe, en la forma de pensar y las actitudes frente al „bautismo del espíritu”. Están bajo la influencia y los efectos de poder de un espíritu el cual es muy diferente a lo que había experimentado antes del “bautismo del Espíritu”.

Si realmente es cierto que un creyente recibe la totalidad del Espíritu de Dios en el nacimiento de nuevo, entonces este espíritu, que recibieron bajo el “bautismo del Espíritu”, no puede ser Espíritu de Dios. ¡Él es diferente en su forma de actuar y también en su naturaleza!

De acuerdo con la enseñanza de la Escritura, sólo hay una conclusión: el espíritu, que los seguidores del movimiento pentecostal y carismático en el “bautismo del Espíritu” recibieron, sólo puede ser un espíritu falso, fraudulento de las tinieblas. ¡Dios no actúa en contra de Su Palabra! ¡El no actúa a través de su Espíritu de verdad allí donde tuercen su palabra y lo convierte en un mentiroso!

El verdadero espíritu de Dios lo recibe el creyente en su nacimiento de nuevo, solo una vez y para siempre. ¡Cada búsqueda de una segunda „experiencia espiritual” sólo puede conducir a un contacto con los espíritus falsos! Satanás usa sentimientos convincentes, fascinantes experiencias, revelaciones psíquicas y milagros falsos, haciendo pasar a este espíritu como “divino”, engañando y seduciendo también a los verdaderos hijos de Dios a aceptar un espíritu seductor para que le sigan (compare 1. Timoteo 4:1)– ¡con desastrosas consecuencias en sus vidas espirituales!

A menudo usan los seguidores de este movimiento la palabra de Lucas 11:11–13 con el fin de justificar su enseñanza “Pedid por el Espíritu Santo” alimentando sus ilusiones, que el espíritu que ellos recibieron en el “bautismo del Espíritu” es de Dios: “… ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Pero pasan por alto el hecho de que estas palabras fueron dirigidas a los discípulos del Señor antes de Pentecostés, dándoles animo a pedir y esperar la venida del Espíritu de Dios, lo cual ellos hicieron (compare Hechos 1:4–14). Después de que el Espíritu de Dios fue derramado una vez por todas en Pentecostés sobre la iglesia (compare Tito 3:6), ya no hay mas evidencia en la palabra de un “Pedid por el Espíritu Santo” o “una espera del Espíritu Santo”

Ningún hombre recibe el Espíritu de Dios, si él lo pide. Él lo recibe, si se arrepiente y cree en la palabra del Evangelio. Pero, quien en el engaño pide para recibir el Espíritu Santo, a pesar de que ya lo recibió, no puede reclamar para si mismo la declaración de Lucas 11:11–13. Quién, en vez de arrepentirse y dar lugar al verdadero espíritu de Dios, tienden a buscar a espíritus extraños, por ello, entonces, recibirán un espíritu engañoso. El señor dijo de Israel: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. ” (Jeremías 2:13).

Nos gustaría señalar también el hecho grave de que el espíritu engañoso del pentecostalismo en su primeros tiempos llego a los seguidores de enseñanzas extremas, que representaban las siguientes herejías: „santificación única” perfecta como una “segunda experiencia”, un ” corazón puro” y sin pecado. Esos falsos maestros afirman que no hay mas pecado en nosotros, pero la Palabra de Dios nos dice claramente en 1. Juan 1:8 : “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros . “ Nos habla también, sobre la seriedad de esta doctrina perniciosa, “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1. Juan 1:10). un juicio cronológico sobre la casa de Dios, donde estos seductores engañados son entregados a un espíritu de mentira (compare 2. Tesalonicenses 2:9–12).

Pero también verdaderos creyentes que dan crédito a los falsos maestros carismáticos, caen bajo el espíritu fraudulento de ese movimiento. Así que si asumimos que muchos seguidores, especialmente los líderes del movimiento pentecostal y carismático no son realmente nacido de nuevo y no tiene el Espíritu de Dios, también no cabe duda, de que hay muchos verdaderos hijos de Dios bajo esta seducción. Muchos cristianos no pueden imaginar que un creyente puede recibir una espíritu falso, engañoso. Sin embargo, la Escritura en 2 Corintios 11:3–4 nos advierte de que si es posible, y de hecho sucedió en la iglesia de Corinto. Pablo escribe a los Corintios, a fin de advertir sobre la influencia corrupta de los falsos apóstoles los cuales vinieron a los Corintios después de la visita del verdadero apóstol, con el motivo de apartarlos de la verdad bíblica:

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibído, un otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11:3–4)

Por su actitud carnal los Corintios se abrieron, sin examinar y poner limites, al mensaje de los falsos apóstoles (compare 1. Corintio 3:1–4). Pablo les muestra aquí bajo la luz de Dios, como habían sido engañados. Se les había predicado de un falso “Jesús” y creyeron que este era el “Jesús” verdadero. Les predicaron un falso evangelio y lo aceptaron como verdadero. Recibieron un falso espíritu, el cual no era el verdadero Espíritu Santo, el cual ya habían recibido en la conversión. Todo esto lo vivieron voluntariamente, habían caído en la trampa de la seducción y estaban a punto de ser apartado de su sencilla fe en el verdadero Señor Jesucristo. Pablo revela que detrás de todo esto está la astucia de la serpiente, Satanás, disfrazado como el “ángel de luz” (2 Corintios 11:13–15).

La Escrituras nos muestra claramente que es muy posible que un creyente nacido de nuevo pueda recibir otro espíritu seductor. El “recibir otro espíritu” significa aceptar este espíritu como si fuera el Espíritu de Dios, abrirse a él y dejar que influya y tenga autoridad para seguir sus inspiraciones y revelaciones. El creyente entra en comunión con los demonios y se contamina espiritualmente; La escritura nos advierte en 1 Corintios 10:20, demostrando que este peligro puede alcanzar también a un creyente nacido de nuevo.

La Escritura nos señala, sin embargo, que hay que distinguir claramente: ¡la recepción de otro espíritu no causa posesión o morada del espíritu falso en los verdaderos creyentes! El verdadero creyente está en Cristo y bajo el señorío de Jesucristo y no bajo el poder de Satanás (Col. 1:13). Está sellado por el Espíritu Santo el cual mora en él .

Por lo tanto, los espíritus no pueden ejecutar un dominio total, sobre el creyente, manipulando para sus propios fines, como seria en el caso de un poseído. El Espíritu Santo está en el creyente y lo guarda de las peores consecuencias del espíritu de engaño; pero el esta debilitado drásticamente, alejándose en gran medida. El creyente carece de discernimiento espiritual, y esta en parte parcialmente cegado y aturdido por el espíritu falso.

Aquí no se trata, en esencia, de procesos espirituales, como algunos no carismáticos piensan por causa de su falta de experiencia y de discernimiento espiritual. En el movimiento carismático, recurren a métodos caseros y humanos: el don de lenguas, que consiste sólo en repetir sílabas, también a predicciones, donde se manifiesta el deseo del corazón.

Pero no es todavía la clave. Las características principales de este movimiento son influenciados por la obra de los espíritus demoníacos – tanto la falsa profecia como las sanidades y señales milagrosas, como las enseñanzas y la guía espiritual. Cualquier verdadero carismático sabe perfectamente que en este movimiento operan poderes espirituales reales y sobrenaturales – solo que no admite o reconoce que no vienen de Dios, que son profanas y seductoras.

2. El espíritu falso se conoce por su fruto corrupto

Nuestro Señor Jesucristo nos enseña un principio importante para probar y desenmascarar a los falsos profetas: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7, 15–17). Por sus frutos podemos probar si el espíritu, del movimiento pentecostal y carismático, realmente es el Espíritu Santo de Dios o no.

La Biblia misma nos reta explícitamente, en cuanto al engaño de los últimos tiempos por los falsos profetas, a probar si los espíritus son De Dios (1 Juan 4:1–6), ello es solo posible sobre el fundamento de la Sagrada Escritura. La obra del espíritu verdadero es plenamente coherente con la Palabra de Dios. Sin embargo, la obra de los ultimos tiempos del “espíritu de error” el cual es eficaz en los muchos falsos profetas, contradice finalmente a la Palabra de Dios. Queremos en toda la brevedad necesaria, enumerar algunos frutos del Espíritu en el movimiento pentecostal y carismático (mas información detallada, lo puede leer en mi libro “El Movimiento Carismático, a la luz de la Biblia”):

a) El espíritu falso causa la destrucción de la enseñanza bíblica por medio de herejías y falsas profecías

El verdadero Espíritu de Dios está allí donde puede operar libremente, él empuja hacia la Palabra de Dios y a un reconocimiento de las Sagradas Escrituras como la única guía para los fieles. Él nos revela la escritura y nos guía a un entendimiento espiritual de la Escritura. El guía a la “sana doctrina” (compare 2. Timoteo 4:3, 1. Timoteo 6:3, Tito 1:9), la cual surge a través de una interpretación minuciosa de todo el testimonio de la Biblia, edificando sobre las enseñanza de los apóstoles en las epístolas del Nuevo Testamento (ver Hechos 2:42). Sin embargo, el falso espíritu del movimiento pentecostal y carismático, ha dado lugar a numerosas falsas enseñanzas las cuales son claramente contrarias a la palabra de Dios y a la sana doctrina.

Entre ellas pertenece la doctrina de exorcismo practicada sobre creyentes, entre otras cosas una interpretación totalmente antibíblica sacada del evangelio de Mateo 18:18; la herejía de la “guerra espiritual” de la iglesia contra las fuerzas demoníacas; la herejía del “evangelio completo” donde la sanidad física es parte de la salvación en Cristo; la herejía del “evangelio de la prosperidad”; la herejía de que la iglesia fue llamada al Señorío de Jesús para sustituirle (“Kingdom Theology” ); la herejía de la “unidad y la curación del cuerpo quebrantado de Cristo”; que avala la unidad ecuménica con la Iglesia Católica, así como algunas herejías abiertas de carácter mágico, que veremos más adelante en el apartado c).

Todas estas herejías son sostenidas por los falsos maestros y profetas “llenos del Espíritu” de este movimiento, incluso confirmadas y propagadas por medio de los mensajes de los espíritus mismos. El verdadero Espíritu Santo nunca manifestara nada que contradiga el mensaje de la Escritura.

b) El falso espíritu menosprecia y difama al verdadero Señor Jesucristo y revela a un otro Jesús

Las enseñanzas básicas pentecostal sobre el “bautismo del Espíritu” es en sí mismo una herejía que afecta a la gloria de Jesucristo y la perfección de su obra redentora, según esta enseñanza el creyente con Cristo no recibió todo lo que necesita. Además, el espíritu de engaño, común en este movimiento, ha introducido otras doctrinas que menosprecian la gloria de Jesucristo.

En algunos círculos se enseña que el Señor Jesús Cristo tenía una naturaleza pecaminosa, solamente que nunca cayó bajo pecado. Estos defensores de la “lucha espiritual” enseñan que el Señor Jesús, el cual dio testimonio de sí mismo: “… Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18) es impotente contra Satanás y no puede hacer nada, mas bien la iglesia es la que puede hacer algo a través de la oración, la proclamación y la “lucha Espiritual”.

También hay que mencionar la herejías abominables de Kenneth Hagin, quien dice que el Señor Jesucristo tuvo que sufrir en el infierno y la muerte espiritual, teniendo que después de ello “nacer de nuevo”. esta enseñanza no es apoyado por algunos pentecostales, pero la gran mayoría de los carismáticos practican con seguridad la comunión con la secta extremista “Palabra de Fe”.

Debido a la obra demoniaca del espíritu de engaño surge un otro falso Jesús, revelado a través de visiones y mensajes de los profetas, los cuales son mencionados en Mateos 24:5: “… Yo soy el Cristo …”, llevando “mensajes” antibíblica, retorcidos, hablando a menudo en primera persona “yo”, empaquetado tácticamente como si se tratara de un mensaje indirecto (“El Señor quiere decirte . . . “).

Este “Jesús” puede hacer un llamado a la unidad con la Iglesia Católica o animar a la gente a buscar el “bautismo de fuego”, presagiando avivamiento en los tiempos finales– todo lo contrario a lo que la Escritura enseña. Este “Jesús” se apareció al falso maestro Kenneth Hagin, donde recibió una interpretación directa de ciertos pasajes de la primera carta a los corintios (se puede leer en uno de sus libros). Un otro “Jesús” apareció a los ecuménicos seductores “Hermanas de María” como un “novio” místico–ensangrentado con el fin de guiarlas en su camino pecaminoso.

Para dejar claro la naturaleza seductora de este falso “Jesús” es permitido hacer una declaración sobre el famoso americano carismático Merlin Carothers, donde describe su “Jesús–visión” en la primera Edición de su libro, “yo buscaba la aventura”: “De pronto vi en el espíritu a Jesús de rodillas delante de mí. Sostuvo mis pies y puso su cabeza en mi rodilla. Él me dijo: yo no quiero usarte, pero quiero que tu me uses “. (en la Pagina 47).

Si comparamos estos falsos mágicos–espiritista con la visión real de Cristo resucitado en Apocalipsis 1, entonces vemos claro la perversidad y depravación de este espíritu seductor. Esta “visión” se caracteriza por la magia y la religión pagana: los gentiles utilizan sus “dioses” a fin de obtener a través de ellos la prosperidad, la salud y el éxito – esto es una característica básica de la religiosidad falsa carismática. ¡Un otro Jesús!

c) El espíritu falso introduce la forma de pensar de la Nueva Era y de la magia en la iglesia

Incluso en el pentecostalismo clásico hay algunas herejías de carácter mágico, como por ejemplo la “Última Cena” que es visto como un medio para el perdón de los pecados y se considera una fuente sobrenatural de armadura espiritual o un medio para las curaciones. El espíritu de engaño, en el movimiento carismático, guía hacia “doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1) idénticas a las enseñanzas de la Nueva Era, el chamanismo y el espiritismo.

Esto incluye a la enseñanza del grupo “palabra de fe”, según la cual el cristiano tiene el poder de hacer “existente lo inexistente”, “reclamando su derecho al bienestar material en el nombre de Jesús”. Aquí se otorga a la palabra de la gente el mismo poder creador como la Palabra de Dios misma, de tal manera que el hombre finalmente llega a llamarse a si mismo también “un dios”. Estas enseñanzas tienen sus raíces en el agnosticismo pagano y las palabras engañosas de la serpiente: “Seréis como dioses”.

En esta misma dirección van, la orden y conjuración de espíritus, el exorcismo y la “guerra espiritual”, los cuales representan efectos mágicos de los espíritus malignos, claramente prohibidas por la escritura (compare Deuteronomio 18). Las técnicas de “visualización” son basadas en las enseñanzas de la magia del ocultismo, así como el estilo similar a los métodos psicológicos enseñados por C. G. Jung, la interpretación de los sueños y la “sanidad interior” en el ministerio carismático. Todas ellas están adornados con un manto “Cristiano” y divulgado por líderes famosos (incluyendo Jonggi Cho, Agnes Sanford, Kenneth Hagin).

d) El espíritu falso provoca la descomposición y la inversión de la vida de fe bíblica

El carismático “bautismo del Espíritu” no ofrece realmente una verdadera autoridad espiritual, o una “vida victoriosa”, como promete el espíritu del engaño. Probablemente puede el bautizado en el espíritu experimentar un poder de origen demoníaco, confundiéndolo en su ceguera como una “plenipotencia”: corrientes de calor, cuando impone las manos sobre otros, el sentimiento edificante de energía y euforia en ciertos momentos, visiones e impresiones – pero todo esto no es la fuerza duradera espiritual y realmente no trae ningún fruto espiritual.

El “bautizado en el espíritu” recae principalmente en un altibajo entre emociones eufóricas y depresiones profundas llenas de oscuridad y abatimiento. Él se hace dependiente de “los tiempos de adoración” y la imposición de manos, de gurús que le pueden llevar otra vez a la euforia, de congresos de “unción” y los ministros de ayuda espiritual, – pero no conoce la paz interior, la fuerza espiritual constante, y la verdadera victoria sobre el pecado.

Los frutos del Espíritu falso es a lo contrario muy a menudo, arrogancia y una ceguera incorregible, servidumbre a la superstición, miedo de los demonios y una forma de pensar mágico. El espíritu erróneo de este movimiento es finalmente un espíritu de fornicación, llevando a reforzar fantasías, deseos impuros y pensamientos pecaminosos. Pero este espíritu es también un espíritu de mentira, cuya secuela son la deshonestidad, el engaño a otros, el auto engaño y hasta la pérdida de la sobriedad.

Debido a que el espíritu falso procede de las tinieblas, el acusador y asesino, induce a muchos a contraer en si pensamientos de quejas y estados de ánimo depresivos, haciéndoles dudar sobre la certeza de la salvación, y en algunos inclusos pensamientos de suicidio. Es nublada la clara comprensión espiritual de la Palabra de Dios, oscureciendo la sana doctrina de la Escritura.

En su conjunto es la consecuencia del “bautismo del Espíritu” un retroceso en la vida espiritual y un progresivo desconcierto de la fe. El “bautizado en el espíritu” no es realmente consciente de estos frutos, él cree que tiene la “vida superior”, y las consecuencias negativas son sólo el precio de esta potestad. Algunos seguidores de ese espíritu falso tuvieron que ser ingresados en la psiquiatría, para curarse del delirio del espíritu erróneo.

e) El falso espíritu provoca éxtasis, comportamientos inconscientes y compulsivos que deshonran a Dios (“Bendición de Toronto”)

El verdadero espíritu de Dios está en la Biblia marcado como un espíritu “… de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). El significado de la palabra “disciplina”, sophronismos, es prudencia, sensatez, conocimiento correcto, autocontrol y modestia. El Espíritu Santo obra tal y según su fruto, según Gálatas 5:22 y también con “Autocontrol” (enkrateia, también traducido como “abstinencia”), que significa literalmente “poder sobre sí mismo”.

Una persona verdaderamente llena del Espíritu Santo tiene todos sus pensamientos, palabras y acciones, cuerpo, alma y espíritu conscientemente bajo el control del espíritu de Dios, el cual actúa sobre el corazón y la mente del hombre, instruyéndole a hacer la voluntad de Dios. El espíritu de Dios no fuerza al hijo de Dios; respeta la voluntad y la personalidad consciente del hombre. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2. Corintios 3:17), “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (1. Corintios 14:32).

El falso espíritu del movimiento pentecostal y carismático, sin embargo, ha mostrado desde el principio otras indicaciones y frutos. Ya desde los mismos orígenes del pentecostalismo se presentaron con características como en la últimas décadas, lamentablemente la famosa “Bendición de Toronto” : el éxtasis y trance hasta quedar inconscientes, las caídas hacia tras, temblores, llanto incontrolado, risas y “ebriedad espiritual”, etc. Estos fenómenos tienen un espíritu demoníaco; el Espíritu Santo nunca puede comportarse de tal manera, actuando contra la enseñanza de la inspirada Palabra sobre el Espíritu de Dios.

Todo espíritu que conduce a la embriaguez y pérdida de autocontrol, con comportamiento compulsivo y un control inconsciente, es un espíritu de tinieblas, como se describe a continuación: “Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos” (1. Corintios 12:2). Por el demonio que manda a un niño poseído, dice: “y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia, y le hace echar espuma …” (Lucas 9:39), en el pasaje paralelo en Marcos 9, 18 se menciona: “… dondequiera que le toma, le sacude …” en Lucas 4:35 las caídas son destacadas como una característica del demonio: “Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos” del mismo modo en Marcos 1:26: “Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él”

En todos estos pasajes vemos claramente que las acciones compulsivas y los movimientos del cuerpo, como sacudidas o temblores, las cuales suceden en contra de la voluntad de la persona afectada, son causados por los demonios, ya que los golpes y gritos son síntomas típicos de poseídos.

También hay que destacar que el desorden y las caídas hacia tras son en la Biblia una señal de juicio, ¡los verdaderos creyentes siempre se postraron sobre sus rostros delante de Dios! El espíritu, que guía a los hombres y las mujeres a ser modestos, decentes, disciplinados y castos nunca permitirá que personas de ambos sexos estén tirados en el suelo uno al lado del otro o uno encima del otro, contradiciendo los mandamientos de la biblia. Esta impureza, desorden e indisciplina no es una obra del Espíritu Santo, pero si ciertamente, de un espíritu falso.

Reconocemos claramente la firma del adversario detrás de los muchos testimonios que contienen frases como “Me tuve que reír y no podía parar, a pesar de que yo quería”, “esa fuerza me obligó a tumbarme en el suelo, a pesar de que trate de levantarme, ” el adversario esclaviza y viola la voluntad y la dignidad del hombre.

Embriaguez, trance, pérdida del conocimiento y el éxtasis (“estar fuera de sí”), son séñales del espíritu erróneo las cuales aparecen muy menudo, la Biblia las marca como un símbolo de la obra de las tinieblas. ¡Cuan grave y precisa son las advertencias de los profetas!:

“Pero también éstos erraron con el vino, y con sidra se entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con sidra, fueron trastornados por el vino; se aturdieron con la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el juicio. Porque toda mesa está llena de vómito y suciedad, hasta no haber lugar limpio. ¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír. La palabra, pues, de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos.” (Isaias 28:7-13)

“Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos; embriagaos, y no de vino; tambalead, y no de sidra. Porque Jehová derramó sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró los ojos de vuestros profetas, y puso velo sobre las cabezas de vuestros videntes” (Isaías 29: 9–10)

La verdadera riqueza espiritual es exactamente lo opuesto a esta embriaguez, como también Efesios 5:18. Los creyentes debemos evitar el sueño y pérdida del conocimiento como la Palabra nos dice: “sed, pues, sobrios, y velad en oración” (1 Pedro 4:7). “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan (…)” . (1 Tesalonicenses 5: 6–7, 2. Tim 4:5, 1. Pedro 5:8).

Los defensores de la “Bendición de Toronto” y “ministros carismáticos espirituales” a menudo argumenta que Dios actúa de forma nueva y no está atado a su Palabra. Remiten a la “limpieza”, “profundidad” y “grandes” experiencia de Dios, que llevan al pueblo a un estado de trance y de histeria. ¡Según ellos estos son los “buenos frutos” y es lo que cuenta!

Pero los sentimientos y experiencias de éxtasis son una piedra de tropiezo. Todo aquel que esté familiarizado con la religiones falsa de la Nueva Era sabe que al seductor le es fácil transmitir, a las personas que están abiertas a este espíritu erróneo, emocionantes experiencias, visiones, la sensación de limpieza y “sanidad interior” “amor” y poder sobrenatural. Sobre estas experiencias, que, en parte tiene aterradores paralelismos con el “descanso en el Espíritu” (“Shakti Pat”), son relatadas también por yoguis, ocultistas y seguidores de la Nueva Era.

f) El espíritu falso provoca „dones” falsos y antibíblica

Los “dones” emitidos por el espíritu erróneo de este movimiento resultan ser falsos si se examina bajo la luz de la biblia, no es unánime al testimonio que vemos en las Escrituras. Esto ya empieza con el hecho de que la Biblia en 1. Corintios 12 enseña claramente que un creyente, ya recibió el don que Dios le ha dado en el nacimiento de nuevo y en La incorporación al cuerpo de Cristo. 1. Corintios 12:18 : “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. “.

La relación de versículo 12 indica que en este caso los “miembros” son la imagen de los creyentes en relación a los dones especiales que cada uno ha recibido. Uno es el “pie”, el otro la “oreja”. Fueron añadidos por el bautismo bíblico del Espíritu en el nacimiento de nuevo al cuerpo de Cristo (versículo 13), son insertados desde el principio con los dones especiales que Dios quiere asignar a cada uno (compare para ello el capítulo completo).

Así que el creyente recibe el verdadero don de gracia en el principio mismo de su vida de fe. Aquellos “dones”, que no reciben en ese momento de la conversión, si no a través de esa “segunda experiencia del Espíritu”, ¡no pueden ser verdaderos y venir de Dios! Pero el hecho es que nadie, excepto los que han estado en contacto con el falso espíritu del movimiento pentecostal y carismático, han recibido en la conversión el “don” de la profecía y lenguas. Los carismáticos categorizan estos falsos “dones” a su “bautismo del Espíritu”. Pero estos “dones” demuestran que es antibíblica y erróneo (pruebas detalladas se pueden encontrar en el libro mencionado anteriormente, “El Movimiento Carismático, a la luz de la Biblia”):

* Un falso don de sanidades: sucedieron durante las curaciones milagrosas reales del Señor y de los apóstoles solo sobre los no creyentes, muy en consonancia con su deber como señal, en cambio las curaciones milagrosas falsas sucedieron principalmente sobre los creyentes. Mientras que las curaciones auténticas eran claras y permanente, los falsos milagros de sanidad suceden a menudo en un clima de sugestión, donde su resultado con el tiempo se manifiesta como no duradero. Se producen casi exclusivamente en el campo de las enfermedades psicosomáticas. Ellos necesitaban igual que el espiritismo un ambiente sugestivo; los líderes dicen abiertamente que no funciona cuando entre el público se encuentre cristianos que están orando y examinando lo que ahí dentro esta sucediendo. El Señor, sin embargo logro sus curaciones milagrosas constantemente ante los ojos críticos de los fariseos.

* Un falso don de profecía: El verdadero don de profecía durante el tiempo de los Apóstoles significa que el profeta (en el Nuevo Testamento eran exclusivamente varones) recibía revelaciones de Dios (compare 1. Corintio 14: 26, 29–30). Es decir, sus mensajes eran cien por cien Palabra de Dios, sin mezcla o errores humanos; por lo contrario hubieran sido señalados como falsos profetas (compare Deuteronomio 18:21–22). En el don especial de la profecía, existía el don de discernimiento para distinguir si el mensaje provenía del Espíritu de Dios o de un espíritu falso, y si provenía del Espíritu de Dios, entonces era confirmado como Palabra de Dios (compare 1. Corintio 12:10; 14:29 ). De ello hay que distinguir que el don de la profecía era en general para edificación, exhortación y consuelo según 1. Corintio 14:3, sin carácter de revelación, podiendo ser ejercido por todos los creyentes – ver 1. Corintio 14:31 – todavía vigente según 1. Tesalonicenses 5:20–21: “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno”

A lo contrario los “profeta” falsos carismático animan a la gente a repetir exactamente todo lo que en ese momento „sienten”, afirman que pueden aprender su “don” (lo cual contradice la doctrina bíblica de los dones espirituales). Ellos afirman abiertamente que en sus mensajes se pueden infiltrar mensajes humanos y erróneos, y sin embargo, afirman que se trata de “revelaciones” de Dios. Estos “mensajes” contienen numerosas profecías falsas, cosas que no han llegado a suceder; también contienen numerosas declaraciones contradictorias a las dadas por espíritu de Dios en las Escrituras, manifestándose de manera inequívoca como falsa profecía seductora de los ultimos tiempos (compare Mateos 24:4, 11, 24, Mateos 7:15 –23; 1 Juan 4:1; Jeremías 23:15–36; Deuteronomio 13:1–6).

* Un falso don de lenguas el verdadero hablar en lenguas en los tiempos apostólicos era una señal, (Marcos 16:17; 1 Corintios 14:22), es decir, una señal para de los Judios, especialmente los Judíos incrédulos (1 Corintios 14: 21: “para este pueblo = “Israel). Los Judíos recibieron lenguas sobrenaturales paganas (1 Corintio 14: 21 = Isaias 28: 11–12) que anunciaban, las obras maravillosas de Dios (Hechos 2: 4 –11).

Esta señal fue un mensaje para el pueblo judío: si ellos querían recibir el mensaje salvador de Cristo el Mesías crucificado y glorificado, entonces Dios anunciaría el mensaje de salvación a las naciones en sus respectivas lenguas, ellos mismos serian expulsados por los invasores paganos y dispersados como antaño cuando Isaías proclamó su mensaje. El pueblo no quiso recibir el mensaje, y el evangelio fue anunciado a los gentiles (Hechos 2 –10). El discursos pronunciados a los Judíos por medio de las lenguas, se cumplió 40 años después, cuando los soldados romanos bajo el mando de Tito conquistaron Jerusalén, asesinaron a incontables Judíos y los esparcieron al resto del mundo. En aquel tiempo fue destruido el templo, así como el Señor había anunciado, y Jerusalén se convirtió en una ciudad puramente pagana. Por lo tanto, el propósito de esta señal se cumplió, y el bíblico „hablar en lengua” ceso en la época apostólica (1 Corintios 13:8).

El verdadero „hablar en lengua” no se debe utilizar para la oración, porque de lo contrario el otro no entiende y por lo tanto no podría decir “Amén” (1 Corintio 14, 14–17), no fue dado para “la propia edificación”, como erróneamente se deriva de 1 Corintios 14: 4, no fue pensado realmente como una señal para los creyentes, sino que debería ser practicado principalmente por Judíos incrédulos. Muy por el contrario, es el falso „hablar en lenguas” del movimiento pentecostal y carismático practicado por los creyentes gentiles, y no por los incrédulos de entre los Judíos. Un 90% de la practica del “don de lengua” se trata de un tartamudeo extático y no de verdaderos idiomas extranjeros paganos (y cuando se trata de lenguas extranjeras, narran algunos presentes que entiende la lengua, que en muchos casos hablan blasfemias); se promueve como un arma de oración y como un medio mágico para la propia edificación, también practicada por las mujeres de la congregación (en contra de lo que leemos en 1 Corintios 14:34–35), y con frecuencia se practica sin traducción y simultáneamente, prohibido claramente en 1. Corintio 14:23, 27–28

* Exorcismo falsificado: Uno de los milagros, famoso en los movimientos pentecostales y carismáticos, es el exorcismo, es interpretado como una señal especial de “potestad” que supuestamente el “bautismo del Espíritu” da, considerado como una herramienta clave en la victoria “sobre las fuerzas de las tinieblas”. Este “don milagroso” se revela como falso, cuando es examinado bajo la luz de la palabra. En primer lugar, no existe en la doctrina de los apóstoles de la iglesia del Nuevo Testamento ninguna indicación para practicar el exorcismo, este milagro mesiánico era para el pueblo de Israel (compare Isaías 61:1), y perteneció a un llamado especial de los Apóstoles.

Si los pentecostales apoyándose en Mateo 10 aseguran que el llamado del Señor: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; ” (Mateo 10:8) es vigente hoy en día para la iglesia, entonces deberían de tener en cuenta la declaración: “de gracia recibísteis, dad de gracia!” En Mateo 10 leemos el claro mandato del Señor: “A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mateo 10:5–6). De todas formas la práctica del exorcismo en sí mismo se manifiesta antibíblica. A lo largo de la Biblia, no encontramos ningún caso donde los demonios fueron expulsados fuera de los creyentes. Esto sucedió solamente a incrédulos pues solo ha ellos les podía suceder. El echar fuera demonios eran una señal dirigida a los no creyentes (compare Marcos 16:17), los creyentes no pueden ser poseídos (ver página 18).

En el caso del exorcismo falso del movimiento pentecostal y carismático, es practicado exclusivamente casi siempre sobre creyentes, ¡o aquellos que se consideran creyentes! El exorcismo carismático no es más que un conjuro de espíritus, en Deuteronomio 18:10-11 vemos claramente esta prohibición.

g) El espíritu falso provoca guía antibíblica en la vida de sus seguidores

Uno de los “dones” que el falso “bautismo del Espíritu” trasmite a sus seguidores, es una continua “dirección a través del espíritu” en la forma de pensamientos e impresiones, intuiciones, visiones y voces interiores. La vida de los pentecostales y carismáticos es determinada en muchas ocasiones por medio de esta “dirección a través del espíritu” como por ejemplo el contraer matrimonio y las finanzas empresariales. Aquí se requiere un examen sobrio de esta “guía” la cual contradice las Sagradas Escrituras, por lo tanto no procede del Espíritu Santo, pero si de un espíritu fraudulento.

En este movimiento carismático pentecostal nos encontramos con mujeres apóstolas, profetisas, pastoras y líderes, las cuales han sido introducida por este espíritu falso, contradiciendo claramente el mandato inspirado de Dios “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1. Timoteo 2:12). Lo mismo sucede con los innumerables profetisas “movidas por el espíritu” que toman la palabra en las asambleas de este movimiento, contradiciendo claramente la ley divina sobre el guardar silencio (lea 1. Corintios 14:34–35).

También se muestra el carácter fraudulento de este espíritu cuando un carismático “hacedora de milagros”, como Kim Kollins se ve guiar por el Espíritu en la Iglesia Católica. Una y otra vez son guiados los carismáticos a separarse o divorciarse de sus cónyuges. Un terrible crimen contra el orden sagrado de Dios sobre el matrimonio. ¡En algunos casos incluso aconsejados por lo propios lideres “ungidos”! El Espíritu Santo verdadero nunca actúa por su propia cuenta, ni contradice la palabra de Dios.

3. La doctrina del “bautismo del Espíritu” es una peligrosa herejía

La doctrina pentecostal–carismática del “bautismo del Espíritu” es por lo tanto, como hemos visto, una doctrina errónea a la cual hay que darle importancia. Se trata de una herejía peligrosa, que debemos combatir con determinación y sabiduría, por lo menos por tres razones:

1. Esta herejía retuerce y niega la enseñanza bíblica de Cristo en un punto muy importante. Ella seduce a los creyentes, haciéndoles creer que no recibieron todo lo que necesitan para sus vidas después de su conversión a Cristo. Así que niegan la “suficiencia de Cristo” una expresión hermosa, que apenas se utiliza hoy en día. El que tiene a Cristo, recibió desde el primer día de su “nueva vida” la plenitud. Él no necesita una “segunda bendición” porque ha sido bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3). Negar esto, significaría distorsionar la doctrina bíblica de la salvación y la salvación completa en Cristo; su interpretación seria, querer rozar la gloria de Cristo para disuadir a los fieles de la “sencillez frente a Cristo”. Esto es una obra perniciosa de la serpiente (2. Corintios 11:2–3, Colosenses 2:18–19).

2. Esta herejía engaña con falsas apariencias a los creyentes, haciéndoles creer que necesitan una “segunda experiencia del Espíritu”, cosa que la Biblia no enseña, conduciéndolos a extender sus brazos a otro espíritus engañoso, demoníaco y fraudulento (2. Corintios 11:4). preparando el camino previsto para los últimos tiempos, de espíritus engañosos y doctrinas de demonios (1. Timoteo 4:1), guiando a los siervos de Dios a la tentación y la fornicación espiritual (Apocalipsis 2:20). Ella es una puerta de entrada para los mensajes de los profeta fraudulentos, milagros y enseñanzas falsas anunciadas para los ultimos tiempo (ver, Mateo 24:4, 11, 24, Mateo 7. 15–23, 1. Juan 4:1, 2. Tesalonicenses 2:9 –12, Apocalipsis 13:11–14).

3. Esta herejía divide a la Iglesia creyente, agrupando a los creyentes descarriados en grupos especiales, los cuales son dirigidos por falsos profetas, apóstoles y pastores (compare Hechos 20:29–30, 2. Pedro 2:1–3, 2. Juan 9–11). El espíritu erróneo del pentecostalismo ha causado innumerables divisiones entre creyentes fieles a la biblia, esta doctrina es levadura, la cual leuda toda la masa (1. Corintio 5:6– 8). El espíritu de engaño conduce a los seguidores a una apertura antibíblica, y a una unidad ecuménica anticristiano, y a la unión a la iglesia mundial de los últimos tiempos. Eso se aplica en la mayoría de las iglesias pentecostales, que durante años están en “diálogo” con la Iglesia Católica así como el movimiento carismático de los Católicos Carismáticos, donde hay una gran mayoría de seguidores acérrimos de su iglesia.

El movimiento pentecostal y carismático que promueve activamente la herejía del “bautismo del Espíritu” es un gran peligro espiritual para cada uno de los creyente. Debido a la falta de un fundamento firme y a la escasa vigilancia espiritual entre una gran mayoría de creyentes, son arrastrados por la influencia seductora de un espíritu demoníaco falso por medio de profecías, milagros, obras de poder, discursos, etc. Apartándoles del camino claro de Cristo, guiándoles finalmente a la idolatría y la fornicación espiritual.

El espíritu falso los distrae de la Palabra de Dios, falseando revelaciones nuevas, apartándoles de Cristo, la roca „suficiente” de nuestra salvación y de Su obra perfecta, conduciéndolos a otro falso “Jesús”. Este espíritu tiene afinidades con la doctrina errónea demoníaca del misticismo católico .

Debemos evitar a toda coste a este espíritu erróneo, sus enseñanzas y su obra, porque contamina y echa a perder la vida de fe de los hijos de Dios, ¡deshonrando a nuestro Señor Jesucristo! Ello significa por lo tanto: aquel que ha recibido este espíritu debe arrepentirse claramente delante del Señor, y renunciar a este espíritu erróneo y a todas sus enseñanzas e influencias. No se trata de un exorcismo de tales espíritus, lo cual es antibíblica y peligroso. Este espíritu falso desaparecerá inmediatamente de nuestras vidas tan pronto como nosotros voluntariamente le rechacemos. Este paso debe ser seguido por una limpieza y entrega al verdadero Señor Jesús, unido a un enfoque claro de la Palabra de Dios y la sana doctrina.

El movimiento pentecostal y carismático es en su conjunto, un gran peligro espiritual para las congregaciones de los creyentes. Se siembra confusión, división, seducción y corrupción espiritual, ganando cada vez mas terreno. El espíritu erróneo da constancia a sus seguidores, junto con la arrogante convicción de creer poseer de un conocimiento superior y una fuerza especial del espíritu, incitándoles al deseo de compartir esta “felicidad” a todos los demás cristianos con el falso “bautismo del Espíritu”.

Los carismáticos “Bautizados en el espíritu” se infiltran discretamente en las congregaciones bíblicas (compare “… han entrado encubiertamente”, Judas 4). extienden las enseñanzas y prácticas de este movimiento por lo general a través de contactos personales con el fin de ganar seguidores. Finalmente su objetivo es conseguir: o “invertir la polaridad” de iglesia hacia el movimiento carismático, o separar y arrastrar a fuera a los miembros de la Iglesia, y ganarlos para ellos.

Es muy importante, frente a este movimiento y sus herejías, el practicar claramente las enseñanzas de la Biblia: El Nuevo Testamento enseña claramente que las herejías y las corriente erróneas como el movimiento pentecostal y carismático son espiritualmente consideradas como levadura que fermenta toda la masa, (1. Corintio 5:6–8, Gal. 5:7 –10). Aquí es vital que los creyentes fieles a la Biblia, actúen conforme a la palabra de Dios, la cual les instruye:

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Rom. 16:17 a 18). Y en Tito, leemos: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio” ( Tito 3:10–11).

Una y otra vez nos encontramos con este mandamiento bíblico que nos exhorta a apartarnos y a separarnos de tales herejía y del mal (compare 1. Tim 6:3–5; 2. Juan 7–11; 2. Pedro 3:17), si no velamos y andamos con cuidado, entones este movimiento Pentecostales y Carismáticos, aumentara su influencia llevando a la depravación espiritual y al engaño de muchos. Finalmente el espíritu de Jezabel y Belial esta actuando. Hagamos uso del mandamiento fundamental en 2 Corintios 6:14 –17:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibíré”

Hoy en día vivimos en una época en la que las seguidores bíblicos son arrancadas por la corriente de las herejías y movimientos seductores, ignorando en gran medida el mandamiento bíblico de la secreción. Muchos creyentes de círculos bíblicos en las iglesias libres, Alianza, y también los “Iglesia de hermanos” están cada vez más abierto a las influencias de las enseñanzas carismáticas, en especial a través de las peligrosas canciones carismáticas.

En estas congregaciones se introduce una levadura leudada, que leuda muy rápido la masa entera. Hay una sola respuesta bíblica para los creyentes verdaderos: separarse de estas congregaciones y buscar nuevas iglesia (o levantar una nueva congregación) la cual sea sobria, cuyo fundamento sea la sana doctrina de la palabra, libre de toda tendencia ecuménica, de Alianza y pentecostal. Aquí no debe de haber lugar para compromisos vagos – de lo contrario sufrirán daños espiritual muy serios!

 

D. ¡En Cristo tenemos la plenitud!

 

Nuestra respuesta a la oferta seductora del “bautismo del Espíritu” falso, debe ser una firme dedicación y sencillez en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en su Palabra y su Espíritu. En Cristo tenemos la plenitud, ¡y no necesitamos nada más que a Él! En lugar de abrirnos a fraudulentas “fuerzas espirituales”, debemos esforzarnos para alcanzar la riqueza espiritual bíblica, ¡y vivir una vida fructífera para nuestro maravilloso Señor!

La alternativa bíblica sobre el falso “avivamiento”, del movimiento pentecostal y carismático no es una teórica débil o un tradicionalismo frío, complaciente. El camino bíblico de la plenitud en Cristo lleva en primer lugar a través de un genuino arrepentimiento y sincera humildad ante Dios, pues nosotros mismos, habíamos engañado al espíritu de Dios, a través de nuestra tibieza, infidelidad, incredulidad y la mundanalidad, derramando la fuente de agua viva, permitiendo solamente un goteo. Como individuos y como iglesia debemos buscar al Señor, para que nos pueda obsequiar el arrepentimiento y avivamiento espiritual (compare Apocalipsis 2:5, 3:3, 3:19) para que la gracia y la gloria de Dios y del Señor Jesucristo aumente en nosotros y estemos deseosos de servirle en espíritu, dando testimonio de Él con valentía a los que se pierden.

Según la biblia, Este avivamiento y despertar espiritual es sobre el pueblo de Dios, los creyentes; El testimonio renovado del evangelio también es bendición entre los incrédulos. No es de esperar un avivamiento en masas, sobre todo en el occidente cristiano, los cuales rechazaron el evangelio de Cristo y la verdadera fe. Sin embargo, esto no debe de impedirnos buscar al Señor continuamente en oración e intercesión, por un despertar entre creyentes y la salvación de muchos incrédulos.

Por otro lado, el avivamiento bíblico es el fruto de una doctrina bíblica sana y de un discernimiento espiritual en Cristo. La manera bíblica para vivir en plenitud y poder espiritual, es vivir en fe en el lugar donde el nos ha puesto y con aquello que hemos recibido en Cristo. Esto significa despojarnos de todo aquello que pueda entorpecer su obra (Efesios 4:25, Colosenses 3:8)y afecte a la fuente de Dios en nuestra vida espiritual, es decir, la morada del Espíritu de Dios, Cristo en nosotros: el pecado y pensamientos carnales, resumiendo, la carne con sus pasiones. ¡Para ello no necesitamos el “bautismo del Espíritu”!

Despertemos ahora la verdad bíblica la hoy en día más enterrada y olvida, el secreto de la fuerza espiritual reside en nuestro estado espiritual como crucificado en Cristo y resucitado con Cristo para vivir la fe:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. ” (Gal 2:20)

“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. ” (Gal 5:24–25)

“¿En ningúna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” (Romanos 6:2–12)

¡Esta es la manera bíblica de poder, autoridad, de una vida productiva y una plenitud espiritual! ¡Sin abnegación no hay autoridad, sin muerte no hay resurrección, sin la cruz no hay vida con poder! Esto es exactamente lo que el diablo quiere, ensombrecer a los cristianos tibios y egoístas seduciéndoles a un camino peligroso y erróneo, ofreciéndoles un poco de “poder” y “autoridad” al entorno de la Cruz – espíritus fraudulentos que roban, seducen y despojan a las victimas. Pero queremos tomar el camino bíblico mas antiguo y glorioso, el seguir a Cristo, a través de la fidelidad a su palabra, en la pureza y la sencillez frente a Cristo – y el Señor se dará a conocer dando fruto para su gloria!

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